Ana Becerra, la colegiala que sobrevivió los orígenes de la DINA

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Testigo y víctima de los crímenes de lesa humanidad, esta mujer fue llevada a los diecisiete años al campo de prisioneros de Tejas Verdes. Dos jeep artillados y un camión repleto de militares estuvieron a cargo de vigilar su traslado el 16 de septiembre de 1973.

«Me llamaron por bando el día del golpe de Estado y como no me presenté, dieron orden de fusilarme en el acto. Ya habían allanado mi casa y arrestado a mi padre. Ante la presión de mi familia, que temía que me mataran, y con la aprobación del MIR, me entregué el 16 de septiembre en la comisaría de San Antonio, con mi madre. Tenía diecisiete años», cuenta Ana Becerra, una de las diez colegialas que sobrevivió las torturas en el campo de prisioneros de Tejas Verdes, el enclave militar donde comenzó a gestarse la DINA.

En esos meses, fue testigo de los primeros lanzamientos de prisioneros al mar. De los meticulosos cursos sobre torturas que recibían los militares chilenos, mientras usaban su propio cuerpo como campo de pruebas. Un desborde del mal desde el inicio del régimen.

«El 17 de septiembre, hicieron un gran operativo para ir a buscarme a la comisaría. Llegaron dos jeep con metralletas, un camión lleno de milicos y el vehículo donde me trasladaron. Cuando llegaron esos autos a Tejas Verdes, los presos pensaron que venía un diputado, un senador, alguien importante. Y bajé yo con zuecos, una falda plato y dos cachitos en el pelo. Estuve hasta febrero de 1974».

«LA PARVULARIA»

Ana asegura que de niña subía a bailar a los escenarios donde daba sus discursos Salvador Allende, cuando éste recorría la región de Valparaíso, en la lejana decada de 1960. Su padre socialista, «el compañero Hernán», como lo llamaban, viajaba con ella incluso a hacer campaña a las zonas rurales de la Quinta Región.

«Viví todo el proceso desde muy pequeña. Hasta el día de hoy me acuerdo de los detalles, de las reuniones, de las casas, de las camisas verde oliva del Partido Socialista», evoca en el comedor de su casa de madera, en San Antonio, al lado de una línea de ferrocarril.

Quizá por esa precocidad política, Ana ingresó a militar a las Juventudes Comunistas en Séptimo Básico, en 1968, el año de la revuelta estudiantil en París, cuando los jóvenes creyeron que podían cabalgar hacia el futuro.

El desamor, sin embargo, fue rápido en esa primera incursión política. Y, de la mano, del afecto familiar ingresó al colectivo que lideraba Miguel Enríquez. «Entré al MIR, como a los catorce años. Me llevó un primo, Alejandro Arce, que era de Concepción, de la generación del doctor Patricio Bustos», reseña.

Ana comenzó a participar activamente en la política de San Antonio y a recorrer periódicamente la carretera que conectaba el puerto con Santiago. «La Comisión Política del MIR me puso “la parvularia”, por lo chica. Me llevaban incluso a tomar bebidas», recuerda.

LA MAYTE

Era 1970 y la propuesta de un socialismo democrático intentaba avanzar en la historia chilena, apenas tres décadas después del primer triunfo del Frente Popular, la coalición, que liderada por Pedro Aguirre Cerda, unió por primera vez a socialistas, comunistas y radicales en el poder.

Ana, con catorce años, estaba en el colegio de monjas Santa Teresa, el favorito de la élite sanantonina. «No había mucha vida política allí. Incluso fui compañera de curso de la hija del “Mamo” Contreras, la Mayte. Por eso no voy nunca a las juntas de mi curso, porque a veces llega ella».

El entorno, sin embargo, estaba efervescente, según Ana. La guerra de Vietnam, la revolución floreada de los hippies, la gran crisis del petróleo y la revolución cubana eran el telón de fondo de un país que pugaba por cambiar su pacto social, con una izquierda ya dividida respecto a lo que sucedía en los socialismos reales del este europeo, marcados por el totalitarismo de Estado.

«Después del colegio iba a reuniones, a marchas, a pintar. La vida era muy intensa. No sé cómo me alcanzaba el día. Era complicado, agitado. Vivía en dos mundos. Por el lado de mi madre, el mundo de la diplomacia. Por el de mi padre, la política, la calle».

En IV Medio, Ana se cambió al liceo de San Antonio, buscando más participación política, más libertad, quizá. Era 1973.

«LOS ARROJARON AL MAR EN OCTUBRE»

Después de entregarse, para evitar ser fusilada, Ana llegó al campo de prisioneros de Tejas Verdes cuando aún era un descampado, situado donde nacen los caminos que llevan al pueblo de Lo Gallardo y al balneario Rocas de Santo Domingo, a los pies de una estatua de Cristo, donde los militares instalaron metralletas de advertencia, apuntando contra los detenidos.

«Al inicio no había mucho. Sólo éramos dos mujeres, a las que nos alojaron en una mediagua. Y había un galpón donde estaban los compañeros. Nada más. Salvo unos containers soviéticos que los milicos usaron para delimitar el campo de prisioneros. No había baño».

El día sólo implicaba sobrevivir el tedio y las secuelas. Los hombres hacían una fogata y calentaban agua. Las mujeres inventaban jardines imaginarios y juguetaban con un pollo, el que nadie sabía como había llegado hasta allí, saltado los controles artillados.

«No hacíamos mucho, en esas horas. Te formaban y, si estaban de buen humor, te dejaban entrar comida. Siempre esperando que te fueran a buscar para los interrogatorios, que eran de noche».

Créditos: La Construcción de un sueño, Sitio de Memoria Rocas de Santo Domingo

El problema era la noche, interminable.

«El día era de espera, hasta que llegaban las listas con los que debían partir a los interrogatorios en el casino de oficiales del Regimiento de Ingenieros de Tejas Verdes. Una vez que se llevaban a alguien, nos poníamos a esperar, para ver cómo llegaba. Para cuidarlo y apapacharlo. Por lo general, volvían en la mañana».

Pero los que se quedaban tampoco podían gozar de tranquilidad. En las noches había simulacros de fusilamiento y las mujeres, cada vez más numerosas, vivían su propio infierno. «Entraban los milicos a toquetearte. Y tratábamos de defendernos entre todas. No era grata la noche».

«LO QUEBRARON ENTERO»

En octubre, empezaron a llegar más menores de edad, después de que las tropas hicieron redadas en los colegios. «Trajeron a la Mariela Bacciarini, que estaba en la cárcel. También a la Olga Letelier que cumplió los diecisiete años en Tejas Verdes».

Los veinte menores de edad que hubo en ese campo de prisioneros, liderado por el entonces teniente coronel Manuel Contreras, apoderado del curso de Ana en el colegio Santa Teresa, eran dirigentes estudiantiles, de centros de alumnos. Casi todos del liceo de San Antonio y en su mayoría miembros de MIR.

Hoy, esos menores son los últimos testigos de una historia que quebró la vida política del país, que forjó las luchas por los derechos humanos. Que dividió sus propias existencias.

«Lo que recuerdo bien son los primeros compañeros del MIR que sacaron del campo y arrojaron al mar en octubre, Ceferino Santis, Gustavo Farias y Florindo Vidal, los primeros».

Ana fuma, vicio que adquirió tras las torturas, y hace una pausa, larga. «Al otro que recuerdo bien es a Jorge Ojeda, lo quebraron entero. Antes de que desapareciera, los compañeros lo arroparon con una frazada y lo sacaron al sol. En esa época, también mataron al uruguayo Julio César Fernánez, después de que lo pillaron con un mapa del campo de prisioneros que le entregamos las mujeres», prosigue.

A partir de octubre de 1973, Tejas Verdes comenzó a ordenarse mejor, pero para facilitar la represión. «Después de que mataron a ellos en octubre, sacaron los containers y se cerró el campo de prisioneros con una empalizada. Se construyeron los baños, las mediaguas y llegó el teniente Zarevich. Ahí empezó a cambiar todo, armaron las casas de castigo».

Para diciembre de 1973, el campo de prisioneros rebosaba de detenidos chilenos y extranjeros. «Estábamos casi rematados, sólo servíamos para sus experimentos de tortura».

«UNO ES UN ANIMAL»

El Estadio Nacional, Pisagua,Tejas Verdes y el Estadio Chile —hoy Victor Jara— se forjaron esos meses como arquetipo de la represión, la que dejó al menos treinta mil torturados en el país. Ana, con sus diecisiete años, estuvo allí, sobrevivió.


Créditos: La Construcción de un sueño, Sitio de Memoria Rocas de Santo Domingo

«Nunca vi arrepentimiento en ellos. Podían ser más o menos brutales, pero arrepentimiento, no, no tuvieron. Ellos estaban convencidos de lo que hacían. Les gustaba hacerte sufrir, aunque no tuvieran la orden, porque se deleitaban. No me vengan con que ellos sólo recibieron órdenes, no fue así. Les gustaba hacerte sufrir, se sentían superiores».

Para Ana, las preguntas sobre esos abismos suelen impulsar respuestas que apuntan a la peor faceta de la Humanidad.

«¿Qué le podían preguntar a alguien de quince años? No lo sé. Creo que les importaba un cuesco lo que dijeras sobre el centro de alumnos del liceo. Los interrogatorios se convirtieron más en un momento para probar los métodos para hacerte hablar. No había nada tan importante que un escolar pudiera decir. Te tenían de conejillo de indias, para entrenar a los futuros agentes de la DINA. Ahí estaba también el médico, Vittorio Orvieto, que autorizaba a seguir o no con las torturas que te aplicaban».

Ana habla pausado y ríe, con humor negro a ratos. Nada en ella delata abatimiento. Impacta su fortaleza. ¿Qué le permitió sobrevivir mentalmente?

«Yo creo que fue muy importante tener una familia, apoyo. Una vez mi padre dijo que cuando se derrumba todo y tú tienes amor, te mantiene el amor. Uno siempre podía pensar en algo mejor».

«Uno —prosigue— es un animal de costumbre, y en algún momento ese horror se convirtió en mi mundo».

«SUPE QUE NO TENÍA SALVACIÓN»

Acusada de ser una terrorista, Ana fue condenada a los diecisiete años a cien días de presidio por un Consejo de Guerra, donde su abogado fue otro militar. Como tenía el tiempo cumplido, la dejaron partir.

«Con mi familia, nos fuimos a Peñaflor. Mi papá todavía estaba preso».

Sin embargo, sólo fueron doce meses de libertad. «Me detuvieron otra vez el 9 de marzo de 1975, un día antes de mi cumpleaños».

Nuevamente fue subida a un camión militar y trasladada a un centro de torturas. «En las Rocas de Santo Domingo, los milicos tenían a «Joel», la chapa de Emilio Irribaren. Él nos entregó a todos, incluso a los que no estuvieron presos en 1973».

«El primer día que llegué a Rocas de Santo Domingo supe que no tenía salvación. Conocían toda mi historia».

De hecho, el primer militar que le habló fue el mayor Mario Jara Seguel, lugarteniente de Manuel Contreras en ese centro de flagelos y exterminio. Molesto, apenas Ana arribó a Rocas de Santo Domingo, este oficial le enrostró que no le hubiera confesado toda su vida, cuando ambos coincidieron en las sesiones de tortura de Tejas Verdes. «Me mentiste», le enrostró.

«Yo era la única mujer. Estuve siempre vendada y amarrada de pies y manos. Me tenían así, y con un milico todo el día de guardia, porque unos días antes se les había arrancado Isabel Romero. Sólo logré captar algunas voces que conocía».

Ana arrojada al lado de un inodoro, sin ningún otro detenido cerca que la acompañara, pensó que moriría. «A esa altura me importaba poco lo que pudiera pasar, estaba entregada».

«JOEL»

«¿Cómo supe que estaba «Joel»? Porque cuando me tenían prisionera, sentí una mano que me puso un cigarro y era su olor. Él pasaba en nuestra casa y yo lo conocía muy bien. El me formó en el MIR. Él estaba en los interrogatorios».

«Joel», alias de Emilio Irribaren, fue junto a Osvaldo Romo, uno de los dos más grandes delatores del MIR. Miembro del Comité Central de esa organización de izquierda, fue apresado en enero de 1975 y sometido a torturas, aparentemente con su hija.


Créditos: La Construcción de un sueño, Sitio de Memoria Rocas de Santo Domingo

Comenzó a delatar a antiguos camaradas y luego a participar en sus detenciones y sesiones de tortura, hasta que abandonó ese mundo represivo y cimentó una larga carrera como ejecutivo bancario, llegando a ser economista del AIG Bank, en Nueva York, antes de morir de cáncer.

Para Ana fueron cincuenta y cinco días de abismo, hasta que decidieron trasladarla de recinto, ocasión en que «Joel» pidió permiso para hablar con ella, a solas.

«Me pasaron a una pieza y me sacaron la venda. Yo creo que esa fue la peor experiencia que tuve en Rocas de Santo Domingo. Me hizo perder la memoria por lo que vi. Fue tremendo, un shock. Primero, él no era la persona que yo conocía, era un andrajo humano. Era horrible. El me pidió que por favor no me metiera en nada más, que ya todo había terminado».

Pero ¿cómo se mira a un hombre que te educó, que vivió en tu csa y que luego colabora con los militares que te flagelan?

«Fue complicado verlo, eran sentimientos encontrados. Fue demasiado duro, la gota de agua que rebasó el vaso. El había estado en mis interrogatorios».

Para muchos sobreviventes, «Joel» fue un monstruo, como el «guatón» Romo, con quien llegó a hacer operativos conjuntos. Para Ana, es un diálogo que quedó inconcluso, tras su muerte.

«Puedo decir que en mi caso él guardó cosas que sabía, no así con otras personas. Incluso hubo un momento en que se la jugó por mí, durante un interrogatorio. Le dijo al mayor Jara que no me siguieran pregutando, que yo no sabía. Y era falso, claro que yo sabía».

LAURA ALLENDE

Ana, ya con 19 años, fue trasladada a Villa Grimaldi y Cuatro Alamos, adonde llegó a los pocos días en shock, sin recordar siquiera su nombre, como le contaron las otras mujeres apresadas en ese recinto.

Una larga jornada de sueño, le permitió volver en sí, tras el diálogo con «Joel» en Rocas de Santo Domingo.

Día a día, las demás detenidas de su celda en Cuatro Álamos fueron liberadas, hasta que Ana quedó sola, pero con una misión. «Antes de irse me dijeron que cuando de la celda de al lado me golpearan, yo tenía que cantar, para apoyar a la compañera que estaba encerrada allí, muy mal».

Esa otra prisionera, por cierto, era la diputada Laura Allende, hermana del presidente Salvador Allende.

Al tiempo, la Cruz Roja llegó hasta la celda de la parlamentaria y ella les dijoque pidieran abrir la celda contigua. «Allí hay una niña muy joven, yo lo sé por su voz», les advirtió.

Así fue como los organismos humanitarios encontraron a Ana, quien entonces fue enviada a Tres Alamos, su última reclusión.

«Salí en julio de 1975, a través de un acuerdo con la Cruz Roja que me consiguió una visa transitoria para salir a Argentina, donde estaba mi familia, en Mendoza».

UN ERROR INTERNACIONAL

El exilio, sin embargo, abrió nuevos problemas, debido a la burocracia de la ayuda humanitaria internacional, la que obtuvo salvaconductos y asilo para la familia, sin pensar en la undad del clan Becerra.

«Tuve que partir a Suecia sola, mi caso y el de mi padre eran expedientes distintos para la Cruz Roja. Por eso, nuestra familia nunca se pudo reunificar, éramos causas diferentes para ellos. Mi padres fueron enviados a Suiza un año después».

Con 19 años, y sin hablar el idioma, Ana aterrizó en Estocolmo, donde fue conducida a un campamento para refugiados latinos, donde residían uruguayos, brasileños y, por cierto, chilenos.

«Fue empezar a construr de nuevo, pero lo que más me molestó fue no hablar el idioma, así que lo aprendí rápido. Quería entender los diarios, la televisión».

Después de esa experiencia, Ana comenzó a vivir sola en un departamento sin siquiera saber cocinar. Primero en Lund y luego en Malmö donde permanecíó por dos décadas y tuvo cinco hijos.

«Nunca me sentí mal allá, me dediqué a estudiar idiomas, distintas carreras, hasta ue me recibí de Asistente en Psiquiatría. No tengo nada contra Suecia, me siento en casa allá. Tengo parte de su cultura», admite.

Sin embargo, cuando acabó el siglo XX decidió dejar a sus hijos, a Suecia y regresar a Chile.

«Yo volví para contar esta historia, para buscar a los muertos. Pero al Estado chileno no le interesa la verdad, los juicios demoran años. Es difícil, pero sigo ahí», dice.

Y sobre la marcha cuenta que ya entregó a la Justicia antecedentes sobre un sitio donde habria restos de los rieles con que fueron arrojados los prisioneros al mar. «Y nadie hace nada», insiste

LO MÁS DIFÍCIL

Un auto blanco se estacia frente a la casa de Ana y un joven de unos veinte años asoma. Pinta y estudia medicina. Ana interrumpe la entrevista y coordina una actividad de derechos humanos con él. Será en la calle.

Luego, tras terminar su café, reflexiona sobre las mujeres sobrevivientes, hoy todas mayores de sesenta años.

«Hay compañeras que hasta el día de hoy, si te hablan de esto, lloran, que nunca se pudieron reconstruir bien. La reconstrucción es lo más difícil. Volver a creer en el ser humano, luego de ver a los individuos desnudos, sin caretas. Te cuesta empezar a confiar de nuevo», comenta.

Enciende el último cigarro, ofrece comer algo, y habla por primera vez de lo que quiere dejar para el futuro, en un país, donde ya no vive la gran parte de su familia «Esta historia no es para los viejos, es para las nuevas generaciones como el chiquillo que vino», cierra.

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Ana y los demás menores que sobrevivieron Tejas Verdes no fueron los únicos perseguidos por la dictadura.

Durante el régimen militar, al menos doscientos setenta y seis menores de dieciocho años fueron ejecutados o hechos desaparecer, según informes del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior. De ellos, ciento quince figuran como escolares y el resto como lustrabotas, carpinteros o simplemente bebés, según sus descripciones.

La mayoría de esos niños fueron ultimados en los primeros años del régimen, cuando arreció la persecución contra los partidos de izquierda, encabezados por dirigentes como Carlos Lorca, Manuel Guerrero, Lumi Videla, Mario Zamorano, Bautista van Schouwen o Víctor Díaz, entre otros.

Otros setenta y cinco menores cayeron abatidos en los años ochenta, durante el período en que fue desplegada la municipalización de la educación pública.

En ese período, como muestran reportajes pubicados los años 2013 y 2015 en The Clinic, la CNI desplegó un espionaje masivo contra profesores de liceos, al tiempo que vigiló las conductas de los niños, según informes secretos de la policía secreta.

Listas de estudiantes, nóminas de detenidos o nombres de supuestos militantes de partidos opositores fueron compartidos por la CNI y los ministerios del Interior y de Educación. Colegios privados, católicos, municipalizados o públicos fueron escenario del soplonaje civil.

Docentes afines al gobierno informaron periódicamente de las movilizaciones contra el régimen, sobre todo a partir de las protestas de 1983, cuando el flujo de las delaciones se desbordó.

«Todo lo anterior lleva a pensar en la urgente necesidad de revisar los actuales sistemas de control (…) sobre los colegios», escribió preocupado ante la avalancha de manifestaciones y delaciones el general Gordon en un informe secreto del 1 de julio de 1983, dirigido al Ministerio de Educación.

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33 thoughts on “Ana Becerra, la colegiala que sobrevivió los orígenes de la DINA

  1. Villarroel Gallardo Efrain del Carmen
    Villarroel Montenegro Marcelo
    Villegas Vitali Danus Enrique
    Voisier Riffo Servando
    Wenderoth Sanz Sergio Antonio
    Wetzel Gareis Medardo Gustavo
    Willeke Floel Cristoph Georg
    Yañez Caceres Carlos Silvestre
    Yañez Ibañez Pedro Nolasco
    Yañez Parada Eladio del Carmen
    Yañez Ugalde Miguel Angél
    Zambelli Restelli Patricio Ignacio
    Zamora Bascuñan Miguel Angél
    Zamora Vergara Ricardo Orlando
    Zapata Reyes Basclay Humberto
    Zara Holger Jose Octavio
    Zuñiga Gonzalez Luis Alberto
    Zuñiga Torres Jaime Abraham

  2. Una pesadilla. el ejercitochileno tiene una deuda impagable con elpueblo chilenos, jamas les ha tembladopara manopara reprimir y asesinar trabajdores chilenos, pero cunado de Argentina se trata se cagan enteros. Cobardia seria la mejor palabra para describir a nuestros soldados

    1. El horror instalado por la dictadura militar es la verguenza mas grande de la hsitoria de Chile.
      Han asesinado mas trabajadores chilenos que soldados enemigos, siempre prestos acumplir las ordenes de sus amos, siempre dispuestos a arrasar a su propio pueblo en defensa de los intereses de la buerguesia y el imperio de turno

  3. Abarzarte y decirle a esa niña herida NUNCA MÁS es nuestro deber. Por tí y todas nosotras agradecimiento infinito a tu valentía de vivir y seguir exigiendo justicia en este bodrio de país .

  4. En toda la historia de nuestro país, es un hecho demostrable que el actuar de sus Fuerzas Armadas y de Orden ha producido más víctimas fatales chilenas que extranjeras. En el caso de su Fuerza Aérea, al guarismo es un triste cien por ciento, puesto que jamás se ha enfrentado a una potencia extranjera.

  5. PREGUNTAS Y RESPUESTAS QUE QUERIA EL GOBIERNO
    aCA TIENE LAS RESPUESTAS, DE COMO TRATAN DE
    JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE. LAS VICTIMAS MERECEN
    RESPETO Y ATENCION SR PRESIDENTE

  6. La memoria jamas podrán borrarla…hoy los que defienden la dictadura no tienen perdon de Dios, menos aquellos que asesinaron , torturaron, desaparecieron personas……sí, fueron muchísimos los jóvenes que cayeron en las garras de los asesinos…..OJALÁ NUNCA MAS HISTORIAS COMO ÉSTA SE VUELVAN A REPETIR. Depende de nosotros, de los jóvenes…..La historia de Ana me hizo recordar la película La noche de los lápices, ambientada en la época de la dictadura argentina, donde también los militares hicieron desaparecer a jóvenes líderes….Ojalá los jóvenes de hoy se preocuparan de estudiar un poco este horrendo período.

  7. Cuanto mas les durará el negocio este? Esto pasó hace 50 años, además los que provocaron todo esto son extremistas que se enfrentaban de la unica forma posible. ¿o creen que el extremismo islámiso en Europa lo combaten leyendo la biblia? ¿Porque hemos dejado que esta gente propague estos relatos sin mayor causa ni contexto para perpetuar el odio entre chilenos?

  8. Tremendo artículo, gracias por contar ésta y otras historias, en lo personal he escuchado las historias de algunos familiares directos, torturados en Dictadura tras haber sido delatados por vecinos envidiosos y/o fanáticos, pero uno nunca se termina sorprender… es impactante la forma como se “normalizaban” no solo las torturas, sino los abusos contra menores de edad.
    Para los militares que participaron y disfrutaron -no tengo ninguna duda de esto último- estas atrocidades contra civiles y menores de edad desarmados, que se puede decir a estas alturas… jamás hubo una guerra, nunca han sabido del valor que significa luchar por un ideal superior, nunca han estado en el campo de batalla, sólo se dedicaron a asesinar compatriotas.. y hay un grupo enorme de personas que contará la historia tal cual fue, y los “valientes soldados” serán los que lucharon en la Guerra del Pacífico, porque éstos, éstos son serán siempre sólo unos “cobardes soldaditos” que masacraron chilenos para satisfacer sus bajos instintos.
    Mi más profundo respeto y admiración por los caídos, y por quienes sobrevivieron para contar esta época triste, la más terrible en la historia de Chile.

  9. Buenos días compañera , realmente son muchas las barbaries de la dictadura, eres una gran mujer!!!! Apoyo todo lo que quieras hacer para dejar a los jóvenes esta etapa de Chile y que ojalá un nunca más .
    Tengo 60 años y sigo viendo con que lentitud a los gobiernos de mi país con que tratan nuestra historia . Solo tuve que dejar mi historia en un libro que tengo que editar. Newen y sigue adelante!!!!!!! Un abrazo fraterno.

  10. Tenemos el deber de dar a conocer la historia a nuestros nietos, es necesario que está semilla nueva no olvide la historia tan terrible que vivimos en dictadura.

  11. juan
    no hay paz sin verdad. ….Sali de chile a los 12 anos. este ano fui a chile, en el aeropuerto al salir vi a un militar en su uniforme despedirse de un..al parecer alguien importnate que viajaba a toronto en primera clase…al ver el uniforme ..me dio asco

  12. Gracias Ana por contar tu historia que es la de tantos a partir del horror del 11 de Septiembre. No podemos olvidar y necesitamos ayudar a las nuevas generaciones a entender y sentir lo que ocurrió pues es central para que no vuelva a ocurrir nunca más en Chile.

  13. El infinito trauma, el inconmensurable dolor dejado por el Terrorismo de Estado. En argentina los milicos
    pidieron perdòn y pagaron con càrcel perpetua. En Chila nada ! Siguen siendo las mismas basuras.
    FFAA: Instituciòn Psicòpata, Parasitaria y Delictiva.
    No Perdonamos, No olvidamos. No nos Reconciliamos.

    GRACIAS THE CLINIC POR HACER MEMORIA !!! FELICITACIONES A ALEJANDRA MATUS Y MAURICO WEIBEL !

  14. Mirando con serenidad , el remedio…fue PEOR que la enfermedad, acá en Chile.Los milicos que viven jugando a la guerrita. se ensañaron azuzados por una derecha económica, en torturar,matar, desaparecer y ahora negar.
    Chile JAMAS volverá a ser un país de hermanos,con la barbarie demostrada por estos “valientes soldados” que han asesinado mas compatriotas, que a enemigos en campos de batalla reales….

  15. quizas lo ultimo que nos queda es volvernos violentos o insubordinados porque casi no hay caminos de liberacion.
    que triste destino el nuestro el del pueblo. no existen ni los sueños para aceptar esta vida triste e injusta.
    cuando hablo de violencia, no hablo de la fisica, sino no de la opcion de oponernos a lo que aparexca como injusto.

  16. Averiguen qué fue de un tal abogado Taborga quien delató a sus compañeros de casa acerca de un plan de fuga en el campo de cocentración de Chacabuco a los milicos lo que significó torturas y csstigos inimaginables. Entre ellos mi hermano, el periodista gato Gamboa, el doctor Cereceda

  17. Chile, país SIN Memoria,lamentablemente. Ejército de Chile, unos malditos COBARDES, no todos, pero los oficiales de entonces llevan la guaripola y los de hoy callan, “obedecían órdenes o no sabían” lo que sucedía, aduciendo que eran jóvenes oficiales.
    Si cada uno de los que fuimos detenidos (en mi caso,lugar de trabajo, sin militancia política) contáramos nuestras historias de largas sesiones de tortura, The Clínic podría tener un volúmen más grueso que una Biblia. Chile, país SIN Memoria. Vean quienes están hoy en La Moneda. Los mismos que se jugaron la vida por el tirano dictador: Chadwich, los Larraín, Piñera, Larroulet y un laaaargo etc. Chile, país SIN Memoria. En el Parlamento, Diputados y Senadores que fueron el sostén político de la dictadura, que hasta hoy defienden “el legado” del más grande de los ladrones y homicidas de Chile, que impusieron a su gusto el modelo neoliberal, que hicieron pedazos la Educación, la Salud y las Pensiones, todo pasó a ser NEGOCIO para quienes apoyaban al régimen de facto. Chile, país SIN Memoria. A parte de la ciudadanía no le importa las violaciones de los DDHH en esa época, otros NO creen. Me duele que nuestros compatriotas no valoren los testimonios entregados por las víctimas, que NADIE nos dé una solución a los perdido en esos años: libertad, trabajo, vida, sufrimientos y desesperanza. Me duele que hoy se “preocupen” de Venezuela, Cuba y Nicaragua, cuando los sobrevivientes están AQUÍ. Gracias, The Clínic, por estos reportajes que nos llenan de Memoria, aunque nos duela el alma.

  18. Sin verdad y justicia….como podremos conformar una nación de hermanos ?….con personas que además niegan la veracidad
    de esta barbarie …sin reparación..sin remordimientos ….otro logro de la dictadura hacernos irreconciliables por siempre ..

  19. Si es consuelo, no todo está perdido, la MEMORIA existe y aunque en mi familia no hubo presos políticos, si hubo término de sueños de una sociedad más justa en las palabras de mi papá socialista. Soy docente, y desde mi tarea formativa esta realidad se trabaja desde la reflexión, desde la memoria, desde el nunca más justificar hechos deleznables como lo ocurrió en este periodo de terror para muchos en este país. Mientras viva seguiremos instalando este tema oscuro de la historia de este país, para que NUNCA MÁS EN CHILE VIVAMOS LOS HORRORES DE UNA DICTADURA…Venceremos el miedo, la cobardia, la impunidad…Despertaremos a una conciencia mayor…¡¡¡¡MARICHIWEU!!!

  20. Un tremendo homenaje a estas chicas victimas de la barbarie montada por nuestros gloriosos soldados en la Escuela de Ingenieros Militares y en el campo de prisioneros de Tejas Verdes, al mando de un teniente Carevic primero y después por otro teniente de apellido Quintana, hoy detenido en Punta Peuco, campo administrado por un sub oficial de apellido Carriel, el perro guardian junto a otras bestias con rango de sargentos y cabos.
    Saludo a Ana Becerra, Olga Letelier, Mariela Baccierini, y a tantas otras mujeres y hombres que pasamos por la tortura de estos inhumanos soldados, profesores de E. Básica, Media y Universitaria, estudiantes, obreros, campesinos, uruguayos, argentinos, brasileros, y todos los que fuimos dirigentes secundarios, universitarios.

  21. ¡Conmovedor testimonio! y de una gran valentía y enteraza. Espero que se sigan sumando todos aquellos y aquellas que han sufrido en carne propia los vejámenes de la dictadura fascista, lo peor que nos sigue pasando es el silencio y el olvido. Para que nunca más en Chile.

  22. Ediciones Altovolta – Servicios editoriales – Revisión y corrección integral de textos – Publicamos, editamos e imprimimos todo tipo de libros, manuales, catálogos y folletos – Tiraje mínimo: 300 ejemplares – Contacto: Jorge Queirolo Bravo – Correo electrónico: jqueirolo@yahoo.com – Teléfono: +56 – 998429732.

  23. Felicitaciones The Clinic, porque no puede ser que todavía existan compatriotas que no crean en las atrocidades vividas por tantos y tantos jóvenes y adultos y que aún no se conozca su paradero. Estos documentos son prueba irrefutable. Chile, eso sí, tiene que sanarse y construir con las nuevas generaciones, el país acogedor y feliz que todos anhelamos. Y para eso… lo primero VERDAD.

  24. A todos los que aqui escriben y tambien a los que leen , les pido que me escuchen .No soy victima de nadie pero tampoco soy un heroe , han pasado 45 años en que he sentido y escuchado lo que ha pasado .Todo este tiempo me he limitado a vivir , pero a sido solo eso , mi propia vida ,eso lo se,se llama “cobardia”.No he echo nada malo pero tampoco nada bueno , me limite a mirar a la distancia y eso en parte me acusa de complicidad .No los conozco no se quienes son pero si yo hubiera sido uno de ellos quisiera que se hubieran preocupado de mi gente.No lo hice y ya es tarde que les puedo decir a la distancia a los que ya no estan” Que descansen en paz” a los que si estan “Mi mas profunda admiracion”.

  25. Gracias ANA BECERRA!!!!!!!!!!!!Tu lucha es mi lucha!!!!!!!Gracias a ti,conocí y recorrí los lugares de tanto horror!donde mi hermana Nelsa Gadea fue torturada y desaparecida!
    Seguiremos recorriendo el camino para reclamar Justicia!!!!
    Esta historia no es para los viejos, es para las nuevas generaciones”.
    Es nuestro deber!!!!!!!!seguir sembrando Memoria!!!!!!!
    NO AL OVIDO!!!!!!

  26. Es primera vez que cuenta la historia y si es asi, porque precisamente ahora en septiembre viene a relatar algo que solo esta su palabra como evidencia

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