Los presos están flor

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En enero de 1976, el presidente de la Corte Suprema, José Eyzaguirre y el ministro de Justicia, Miguel Schweitzer, fueron autorizados a constituirse en Tres y Cuatro Alamos, en Puchuncaví y en Villa Grimaldi. Los abogados de la Vicaría alegaron que se trataba de una maniobra publicitaria, pues, para recibir a los visitantes, a los prisioneros en “libre plática” se les permitió afeitarse y salir a los patios. Fueron fotografiados leyendo el diario. Y así, prestamente, fueron retratados por la prensa que usó titulares como éste de Las Últimas Noticias: “Óptimo trato a presos políticos”

Las visitas, no obstante, sirvieron al menos para constatar la existencia real de centros de detención que hasta ese momento había sido negada por las autoridades.

A los prisioneros se les permitió afeitarse y salir a los patios. Fueron fotografiados leyendo el diario. Así fueron retratados por la prensa, que usó titulares como éste de Las Últimas Noticias: “Óptimo trato a presos políticos”. 

En Tres Alamos, Eyzaguirre pudo recorrer solo el pabellón Uno, donde estaban los prisioneros reconocidos oficialmente y que ya tenían contactos con sus familiares. Lo custodiaron Carabineros, responsables de esa zona del recinto. Otro sector, el de “incomunicados”, a cargo de la DINA, quedó fuera de su vista.

Se detuvo a hablar con los presos Fernando Ostornol y con Lautaro Videla, hermano de la asesinada Lumi Videla. Ostornol era un anciano. Videla, un muchacho.

Ostornol, según se relata en El libro negro de la Justicia chilena, se explayó con crudeza sobre las torturas que había sufrido, las duras condiciones de la prisión, el vejatorio trato a su familia. Ministro y detenido debatieron sobre el régimen militar y su legalidad. Ostornol argumentó que la detención arbitraria a que estaban sometidos, era un atentado a la juridicidad, pues no estaban bajo la tuición de ningún tribunal competente.

“Trate de comprender. Nuestras atribuciones son limitadas. Yo mismo estoy siendo vigilado por los servicios de seguridad. Lo que nosotros sufrimos no es tan duro, claro, pero cada día que salgo, cada mañana que mi esposa me despide se queda pensando que cualquier día me va a pasar algo. No sólo porque los extremistas puedan atacarme… también temo a la gente de la DINA”, le confesó Eyzaguirre. El presidente de la Corte Suprema les contó que había detectado que lo seguían.

Lautaro Videla le informó a continuación sobre la muerte de su hermana, cuyo cadáver fue lanzado al interior de la embajada de Italia. Y su propio caso, pues personalmente había sido detenido por agentes de la DINA y torturado en Villa Grimaldi. Contó además que había encontrado en esos cuarteles prendas de vestir de su hermana y de su cuñado, Sergio Pérez, también detenido desaparecido.

Eyzaguirre lo miraba atento. Parecía conmovido. Videla fue generoso en detalles. Sabía que tenía enfrente a un hombre que representaba “al régimen”, pero quería convencerlo. Él y Ostornol le dijeron que si quería hacer algo por ellos, le pidieron que influyera para que se terminaran los campos de prisioneros.

“No es posible. No están bajo mi jurisdicción. Incluso ustedes dependen exclusivamente del Ministerio del Interior, no del Poder Judicial. Si estuvieran bajo la tuición de los tribunales, podría asegurarles, al menos, el respeto a las normas procesales. Aquí, lo más que puedo hacer, es oír su versión y hacer algunos reclamos dentro del marco legal”, contestó el juez.

Los prisioneros no compartían la visión extremadamente formalista del ministro, pero agradecieron su interés.

El 1° de marzo de 1976, al inaugurar el año judicial frente a las autoridades del régimen, resaltó el permiso que le dieron para inspeccionar los centros de detención. Es necesario combatir “el terrorismo”, concedió, pero al mismo tiempo respetar las “necesarias garantías del imputado”.

En ese mismo discurso, sin embargo, le dio crédito a numerosas versiones que desacreditaban la existencia de detenidos desaparecidos.

En privado, Eyzaguirre tenía una cara menos oficialista. En un informe confidencial enviado al ministro de Justicia, Miguel Schweitzer, informando sobre sus visitas a Tres y Cuatro Alamos y las entrevistas que sostuvo con los connotados dirigentes políticos prisineros, sostuvo que éstos denunciaron haber sufrido torturas, que había presos con graves secuelas por los maltratos recibidos, que otros estaban detenidos sin orden alguna o utilizando una “orden en blanco”, que la DINA se había apropiado del taxi de un prisionero y que el Ministerio del Interior había informado que el propietario del vehículo no se encontraba detenido.

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