La primera “Fake News” de la dictadura

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El periodista especialista en temas de Defensa e internacionales, Raúl Sohr, publicó una columna en The Clinic el 3 de septiembre de 2013, contando en detalle el origen y consecuencias de uno de los máximos inventos comunicacionales de la dictadura: el Plan Z. El objetivo de esta fake news, relató, era contrarrestar la apabullante ola de críticas que recibió la recién instalada Junta de Gobierno de parte de una comunidad internacional en estado de shock frente a las imágenes de La Moneda en llamas y los arrestos masivos.

La mentira nunca es buena. Pero hay mentiras y mentiras. El Plan Z es la mentira más sangrienta y que mayor dolor ha causado en la historia de Chile”, afirma el periodista Raúl Sohr.

Fue el propio Pinochet quien dijo en rueda de prensa que se había descubierto la existencia de un llamado Plan Z. El columnista de El Mercurio Álvaro Puga -que se desempeñaba en el Comando Operativo de las Fuerzas Armadas (COFA) y obedecía a la DINA-, en tanto, afirmó haber recibido los documentos que probaban el Plan Z el mismo 12 de septiembre y reveló que la izquierda planeaba el asesinato de numerosos oficiales y sus familias, entre otras acciones para perpetuarse en el poder. El 30 de octubre, se difundió un anónimo “Libro Blanco del Cambio de Gobierno en Chile”, que incluía detalles del supuesto Plan Z. En 1999, el historiador Gonzalo Vial reconoció que había colaborado en la redacción de ese documento, bajo la supervisión del Almirante Patricio Carvajal.

Según el Libro Blanco, el Plan Z contemplaba dar un golpe de Estado “para conquistar el PODER TOTAL e imponer LA DICTADURA DEL PROLETARIADO”. Detallaba que Salvador Allende invitaría a los altos mandos de las Fuerzas Armadas a un almuerzo en su casa de Tomás Moro el 19 de septiembre de 1973 y que, en determinado momento, se levantaría de la mesa para que entrara una decena de miristas que acribillaría a los generales y almirantes.

En los meses venideros, miles de chilenos fueron torturados y no pocos asesinados para que confesaran su involucramiento en el Plan Zeta. Algunos, solo para detener los padecimientos, aceptaron su participación en el plan imaginario.

Federico Willoughby, primer vocero de la Junta Militar, le contó a Sohr la verdad:

“Fue una gran maniobra de guerra sicológica (…) Cuando vi el Libro Blanco que contiene el Plan Z, no me interesó mirarlo porque reconocí que eran papeles y fotos que había visto con posterioridad al 11 de septiembre en el Ministerio de Defensa. Eran todos los documentos que se habían juntado en todos los allanamientos en las sedes de los partidos políticos en Santiago. Estaban en una pieza llena de fotos de actas de los partidos marxistas. De allí se debe haber seleccionado un material especial…Yo tengo la impresión que la gente encargada de las operaciones de inteligencia discernieron que era conveniente generar un elemento de justificación del pronunciamiento militar para convencer a la población civil que los habían salvado. Entonces se hizo este libro y se produjo incluso un efecto social. Había gente que decía con cierto orgullo: Ah, yo estaba en la lista de los que iban a matar y eso generaba cierto estatus… Este libro, le repito, es producto de una campaña de guerra sicológica”.

Otros, como Hermógenes Pérez de Arce, aún afirman que el Plan Z fue real.

El Plan Z, de cuya invención hoy nadie duda, anotó Sohr, “jugó un papel determinante en la radicalización de los militares y civiles que depusieron al gobierno constitucional. Se impuso la lógica de ‘ellos o nosotros’. ‘Ellos’ nos iban a matar, pero nosotros nos adelantamos y les dimos el trato que nos tenían reservado. Era un pensamiento simple, efectivo y cortaba de raíz la vacilación”.

“Los instigadores intelectuales del odio que derivó en tanto crimen merecen compartir las penas de los ejecutores materiales”, piensa Sohr, autor de un documental sobre este montaje. En su reporteo resaltó los testimonios como el de Carlos Herrera Jiménez, quien le dijo que al participar en las torturas y asesinatos por órdenes superiores, realmente creía que el plan Z existía. Otros, como Hermógenes Pérez de Arce, aún afirman que fue real.

La prensa a la que se le permitió seguir circulando, no puso en duda la existencia del mentado plan y no contrastó las versiones oficiales.

“La mentira nunca es buena. Pero hay mentiras y mentiras. El Plan Z es la mentira más sangrienta y que mayor dolor ha causado en la historia de Chile”, dijo Sohr.

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