El inesperado regreso de Marta Ugarte

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El 12 de septiembre de 1976, el cuerpo de una mujer apareció en la orilla de playa La Ballena (Los Molles), con la piel quemada, huesos rotos y alambres colgando de su cuello y brazos. Se trataba de Marta Ugarte, profesora de 42 años que militaba en el Partido Comunista y que había desaparecido a mediados de agosto de 1976.

La prensa, siguiendo la pauta de fuentes ‘oficiales’, atribuyó su muerte a un crimen pasional: “Estrangulan a hermosa joven”, tituló Las Últimas Noticias.

Sin embargo, como demostraría la justicia después, la rasgadura en su brazo izquierdo, las uñas arrancadas, el pedazo de lengua que le faltaba, la columna quebrada, la luxación de cadera y hombros, la fractura del antebrazo derecho y el estallido su hígado y bazo, fueron provocados por agentes de la DINA, mientras estuvo detenida en Villa Grimaldi y Peldehue.

Como demostraría la justicia, la rasgadura en su brazo izquierdo, las uñas arrancadas, el pedazo de lengua que le faltaba, la columna quebrada, la fractura del antebrazo y el estallido su hígado y bazo, fueron provocados por agentes de la DINA.

Según la investigación que desarrolló el juez Miguel Vázquez Plaza, la docente fue interrogada en el sector “la Torre” en el centro de prisión y torturas ubicado en Peñalolén, bajo crueles técnicas de torturas, que incluyeron quemaduras en la piel y mordeduras de perros.

Posteriormente, el 9 de septiembre, sus captores decidieron matarla inoculándole agentes químicos a través de una inyección y para hacerla desaparecer la trasladaron a la provincia de Chacabuco.

En ese lugar, mientras el helicóptero Puma del Ejército descendía para cargar el cuerpo, el agente de la DINA, Cristián Álvarez Morales, se percató de que el saco en que la habían envuelto Marta aún se movía. Al abrirlo, se encontró con la mujer agonizando y no lo pensó dos veces: cortó el alambre con el que habían amarrado un riel al cuerpo y la ahorcó.

“La inyección que el ‘doctor’ (Osvaldo) Pincetti le puso a Marta Ugarte parece que no la dejó totalmente muerta o adormecida. (…) Todos estábamos ahora apurados porque el helicóptero venía. Entonces abrimos el saco, cortamos uno de los alambres que ataban el trozo de riel al cuerpo de la dirigente comunista y la ahorcamos con él. No se movió más. Después amarramos nuevamente el saco con el mismo alambre. Llegó el helicóptero Puma del Ejército. Y (Germán) Barriga ordenó subir los cuerpos a bordo”, declaró un agente de la Brigada Tucán que colaboró con la justicia bajo reserva de identidad, de iniciales E.V.T.

El cuerpo de Marta fue arrojado en altamar junto al de otras víctimas, pero en su caso, el cuerpo no se hundió porque el riel que la empujaría al fondo, se soltó. Su aparición en Los Molles era una constatación real del destino de los detenidos desaparecidos y ponía en jaque las versiones que daban los servicios secretos para ocultar sus crímenes.

Y entonces se les ocurrió presentar el caso como el de una “bella” joven asesinada por un desconocido amante. Los medios que cubrieron el caso no informaron a la población que Marta Ugarte figuraba en las listas de denuncias de detenidos desaparecidos.

En junio de 2016, el ministro en visita Miguel Vásquez dictó sentencia contra 28 personas involucradas en el caso, por los delitos de secuestro y homicidio calificado. En su investigación, dictaminó que para la utilización de los helicópteros Puma, debido a su “capacidad de vuelo y transporte”, “se requería de autorizaciones de las más altas autoridades del Ejército, ya que para ello debía destinar al menos, con anticipación, los pilotos, copilotos y mecánicos que debían formar la tripulación del vuelo”.

“Naves, que fueron usadas institucional y regularmente, en concomitancia con la DINA, durante varios años, para eliminar cuerpos de personas detenidas en los distintos centros de detención de dicho organismo, los que eran llevados directamente al aeródromo Tobalaba o llevados al Regimiento Peldehue, para luego emprender vuelo hasta alta mar, donde eran lanzados al océano”, concluyó.

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