El día que Agustín pisó una cárcel

Comparte en Facebook Twitear Whasapealo Telegramealo

El 9 de abril de 1987, El Mercurio presentó como investigación propia el haber logrado “identificar”a los autores de los desmanes que ocurrieron en la Misa de Reconciliación que ofreció Juan Pablo II en el Parque O’Higgins. En las fotografías que llevó el diario se encerraba en círculos a dos participantes y luego se las identificaba como Iván Barra y Jorge Jaña. Todo un golpe periodístco.

Sin embargo, en los momentos en que el diario salía a circulación, los jóvenes ya estaban siendo torturados en un cartel policial.

En 2016, por motivo del fallecimiento de Agustín Edwards, Barra dijo a The Clinic que todavía recuerda con exactitud cuando agentes de la CNI lo fueron a buscar a su casa ubicada frente al teatro Teletón, en la madrugada del 9. Le taparon la cara con un chaleco y lo subieron a un auto con destino incierto.

-El auto anduvo poco, porque estaba cerquita, aunque para mí fue como una hora. Ahí me empecé a acordar del caso de Julio Santibáñez, que lo llevaron y dinamitaron en un lugar eriazo en Lo Curro, porque sentí que el auto empezó a andar sobre un camino de tierra medio pedregoso. “Aquí cagué” dije, “qué le vamos a hacer”. Pero sentí que abrieron un portón y ahí me di cuenta de que me traían a un cuartel-,sostuvo en esa ocasión.

En ese lugar le pasaron un mameluco y una alpargata talla 35 y otra 45. Conoció su celda, y minutos después, fue llevado a una sala donde se le interrogó sobre la parrilla eléctrica: “Las celdas no tenían ventana y los gallos hacían sonar el pestillo como si vinieran a sacarte para seguir torturando. ‘Te la creíste’, se cagaban de la risa los hueones. Otra cosa que era penca era el simulacro de fusilamiento: ‘Ya hueón, cagaste’, disparaban y tac: ‘Te la creíste de nuevo’, y se seguían riendo. Yo pensaba que de repente se les podía quedar una bala en la cámara y me mataban no más. Además, estaba cerquita del Mapocho, así que podían tirarme fácil. Siempre pensé que más que inteligencia, estos eran brutos”.

En el cuartel Borgoño, a diferencia de otros centros, los presos podían escuchar los lamentos de los torturados. Así, Barra oyó una voz que le pareció conocida.

-El negro Jaña hablaba de una forma muy particular porque era muy ronco. Sentí unos gritos y pensé que era él, pero me pareció raro porque este compadre era de las pastorales, su viejo fue guardia papal incluso. Llegué a dudar de que estuviera ahí, pero al final sí era el negro-, agregó.

Los jóvenes estuvieron seis días en Borgoño, hasta que miembros de la Cruz Roja Internacional los fueron a visitar y les preguntaron si habían sido torturados. Posteriormente, fueron trasladados a Tribunales, donde fueron imputados por los supuestos desórdenes.

Aquella investigación duró menos de una semana, y fue desarrollada por el juez Marco Aurelio Perales, quien desestimó los cargos y resolvió declarar inocentes a los afectados, entonces representados por el abogado de la Vicaría, Luciano Fouilloux.

Pero el costo de todo lo sucedido los llevó a tomar una decisión impensada: querellarse contra Agustín Edwards, director de El Mercurio, por injurias y calumnias con publicidad. Para ello, contactaron nuevamente a Fouilloux, quien evaluó la situación y luego les confirmó que irían a juicio.

Edwards Eastmann estuvo dos horas detenido en Capuchinos. Además, se decretó arraigo y firma temporal en su contra, por lo que tenía que pagar una fianza cada vez que viajaba fuera del país.

La acusación se presentó, el 27 de abril de 1987, ante el 23 Juzgado del Crimen, y se basó en un detalle detectado por el abogado: “A la hora que El Mercurio estaba circulando, ellos ya estaban en Borgoño. Esa información la obtuvo el diario directamente de la CNI, lo que logramos acreditar por la declaración de Francisco Javier Cuadra, que a la sazón era el Ministro Secretario General de Gobierno-, apuntó Fouillioux.

De esta manera, la investigación no solo determinó que el artículo publicado fue uno de los montajes que orquestó el diario, sino que también probó que Edwards mantenía contacto directo con el órgano represor.

Finalmente, el 20 de octubre de 1987, el juez Carlos Leonello Bottacci declaró reo de esta causa a Edwards Eastmann, quien estuvo dos horas detenido en Capuchinos. Además, se decretó arraigo y firma temporal en su contra, por lo que tenía que pagar una fianza cada vez que viajaba fuera del país.

Fouillioux, finalmente, destacó que los jóvenes hayan tenido el coraje de enfrentar judicialmente al diario más importante del país y a su director, cuyo peso era tan fáctico como cualquier cartera de la época: “Los chiquillos tuvieron el glamour de dar su discusión, y no se quedaron humillados para el resto de sus días”.

Más tarde, por estos mismos hechos, Edwards fue expulsado del Colegio de Periodistas.

Comparte en Facebook Twitear Whasapealo Telegramealo

One thought on “El día que Agustín pisó una cárcel

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *