Rebeldía, resistencia e invisibilidad

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Padecer la dictadura, es una cosa. Vivir en tiempos de dictadura, es otra. Esos tiempos oscuros y difíciles que recuerda mi niñez en las poblaciones de Conchalí, mis vecinos combatientes en las barricadas, el toque de queda y el limón que mi madre nos entregaba a mí y mis hermanas para pasar las lacrimógenas que nos arrojaban al patio de nuestras vetustas casas. Ir al colegio y pasar entremedio de neumáticos ahumados y la historia que pasaba ante mis ojos infantiles.

Algunas compañeras fueron torturadas también y padecieron incluso violaciones “correctivas”, cuando investigadas por los agentes represivos, se enteraban de que eran lesbianas. Las organizaciones sociales eran claras al respecto: “Vivirlo, pero no decirlo”, les decían.

Esa dictadura que vivía yo en mi infancia; otras, más adultas, la vivían en primera línea. Mujeres jóvenes, liceanas, con hijos y algunas, silenciadas por su sexualidad. Porque sí, hubo mujeres lesbianas que combatieron, que participaron en los movimientos. En el MIR, en el MAPU. Nunca se supo, al menos públicamente, que tenían esa orientación sexual. Con la revista que fundé el año 2002 –RompiendoElSilencio.cl-, nos hicimos esa pregunta para escribir un gran reportaje: ¿Hubo lesbianas torturadas y perseguidas en la dictadura? ¡Claro que sí! El caso de la escultora Mónica Briones, asesinada en 1984 por aparatos represivos por su orientación sexual, es solo una pincelada. Al menos una docena de mujeres que vivían su lesbiandad de manera silenciosa, participaron entusiastamente en los movimientos armados y políticos. Pero también padecieron la invisibilidad. Lógicamente, en los 80, estos temas no existían y si se hablaba, eran con una fuerte carga estereotipada y ligada a la enfermedad. La lucha era derrocar al régimen, no había espacio, ni tiempo, para otras causas.

“El maricón no puede hacer la revolución”, era la creencia generalizada en la izquierda que optó por la vía armada. Y como no podía hacer la revolución, simplemente se consideraba impensable que homosexuales y/o lesbianas, participaran en esos movimientos. Algunas compañeras fueron torturadas también y padecieron incluso violaciones “correctivas”, cuando investigadas por los agentes represivos, se enteraban de que eran lesbianas. Las organizaciones sociales eran claras al respecto: “Vivirlo, pero no decirlo”, les decían.

El militante cola, era apartado, degradado. La militante lesbiana, “ésa que parecía hombre”, tal vez podría luchar con armas, pero dejaba de ser “mujer”.

La memoria, muchas veces, se fragmenta. Recoge aquellas vivencias de acuerdo a un contexto que también era conservador, sobre todo con la mujer. Una ideología autoritaria y conservadora, donde la exaltación dell rol de “la madre” y “la buena esposa”, era difundido con orgullo por una pechoña primera dama. La “militarización de lo masculino” también afectó a aquellos discursos para que “lo raro”, lo que se salía de estos cánones estructurales, fueran completamente invisibilizado. El militante cola, era apartado, degradado. La militante lesbiana, “ésa que parecía hombre”, tal vez podría luchar con armas, pero dejaba de ser “mujer”. Claro, eran otros tiempos, pero no por eso, digamos, dejó de tener víctimas que aún hoy cuesta mucho homenajear y reconocer en su amplia magnitud.

Aún, en medio de todo ese horror, de tiempos difíciles y para nada mejores, surgía la valentía, la desfachatez dirían algunos, de armar una organización en plenos años 80, precisamente de lesbianas. ¿Quién en su sano juicio lo haría? Pues ellas, las Ayuquelén (en mapudungún, “sentirse bien”), la primera organización lésbica feminista en Chile, fundada en 1984. “Las amazonas” como las describía Pedro Lemebel, que se comunicaban por casilla de correos, las desterradas por los círculos feministas que luchaban contra la dictadura. Las que dejaron la grande en la Casa de la Mujer La Morada cuando fueron entrevistadas por una joven Milena Vodanovic en la revista APSI. Ellas, estuvieron ahí y la memoria tiene el deber de rescatarlas, de continuar recordando hasta el infinito, que ellas, junto a todas las que militaron y soportaron todas las vivencias machistas y homofóbicas, tuvieron la rebeldía, la resistencia, el coraje para enfrentar el miedo que causaban los aparatos represivos del dictador. Pero aun así continúan en la más completa invisibilidad.

En medio de todo ese horror, surgía la valentía, la desfachatez dirían algunos, de armar una organización en plenos años 80, precisamente de lesbianas. ¿Quién en su sano juicio lo haría? Pues ellas, las Ayuquelén.

Le memoria hay que rescatarla a cada rato, por el bien de todes.

*Periodista. Fundadora de RompiendoElSilencio.cl