El vertiginoso camino del recuerdo

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Recientemente Weye realizó un ciclo de talleres de lectura y escritura creativa que tuvo la memoria como tema central, a partir del cual surgió un fanzine bajo este mismo título.

Tomamos este tema porque es transversal, porque el ejercicio de exponerse y escribir-bordar sobre heridas que cicatrizan, recuerda y rememora a todos aquellos que se les cazó. Toda herida puede sanar, pero no borrarse ni olvidar. No olvidamos porque el camino del olvido es deshumanizante. Recordar, en cambio, es aprender.

Crecimos en un silencio eterno, sin saber y sin comprender qué era una dictadura. Pero ese desconocido nos continuaba formando. 

Cada recuerdo conforma nuestra identidad, desde la cotidianeidad de ser niñes e ir caminando hacia el negocio repitiendo mentalmente cuántos panes teníamos que comprar, hasta los cortes de luz de cada protesta y grito de auxilio. De cada 11 en que los barrios recordaron y rechazaron la tortura.

Crecimos en un silencio eterno, sin saber y sin comprender qué era una dictadura. Tampoco sabíamos que todo aquello que nos era desconocido, nos continuaba formando: una Constitución, un sistema educacional heredado.

Hace unos días Felipe Olguín murió tras el filo que ha propiciado el odio, al igual que pasó con Nicole Saavedra, con Daniel Zamudio, y muchas y muchos más. Los cuerpos arden cuando se imponen ideologías como norma y no se nutre la diversidad de pensamientos, de formas de expresión, de identidades.

Somos herederos de esa violencia que muchos entendemos, incluso de aquella que no vimos, que no vivimos, pero que podemos aprender en la mirada de los más viejos caminando encima de sus zapatos. Acá estamos, escuchamos, vemos, sentimos y reaccionamos. Por eso vamos a seguir trabajando sobre esta herencia herida, para cambiarla, para sanarla, para que se respete y no se olvide. Porque cuando quedan marcas, es imposible olvidar.

Estas son parte de las reflexiones que aparecieron durante el transcurso del taller. El enfoque en que nuestres escritores decidieron abordar la memoria es el de la experiencia personal. En nuestro último número, que lleva el título del ciclo, la literatura reflexiona sobre cómo la subjetividad se conforma a través de los recuerdos, pero también de cómo la misma conforma una memoria individual. Los siguientes son dos escritos desarrollados en el marco del taller y presentes en nuestra última publicación:

Vamos a decir que No
Por Luna Chávez

Mi tía Marta se casó el 4 de octubre de 1988. Fue un día movido desde la mañana, todos corrían para acá y para allá por la casa de mi tata, allí harían la fiesta. La ceremonia iba a ser por la iglesia y yo sería paje junto al Eduardito, mi primo, nosotros seríamos unos mini novios que afirmaríamos el velo de mi tía. Yo los veía correr a todos, a mi abuela haciendo canapés, mi papá trayendo sillas de los vecinos, mi mamá ayudando a mi tía a arreglarse, mi tata instalando algunas luces, a mí solo me emocionaba mi vestido, y a cada rato me repetían que tenía que sostener con firmeza el velo de la novia cuando entrara por la iglesia. Mi mamá le decía a mi tía que tenía que decir que si, y mañana tenía que decir que no, ambas reían.

Mi mamá se veía tan linda con maquillaje, nunca la había visto así. Todos contentos hasta que se cortó la luz, hubo un silencio, se sintió miedo. “Los milicos” dijeron todos.

Llegó el momento, nos fuimos a la iglesia, yo me fui en el taxi de mi tata con mi tía Marta, las dos vestidas de blanco, las dos parecíamos muñecas pomposas, de esas que ponen en los baños para guardar el confort.

Llegamos a la iglesia y estaba el novio, mi tío Pancho y al lado el Eduardito con un smoking, se veía lindo, nos miramos y nos reímos, él me tomó de la mano, afirmamos el velo y caminamos detrás de mi tía, apreté fuerte la tela, no se me vaya a soltar, pensaba, me dijeron toda la mañana que esa era mi misión. Llegamos al altar y yo mantenía mi puño bien apretado en el tul blanco hasta que se acercó mi mamá y me llevó a su asiento. Cuando terminó la ceremonia nos sacamos fotos, me sentía una protagonista más luciendo mi hermoso vestido blanco.

Empezó la fiesta, había harta comida y copete, todos estaban bonitos, con vestidos brillantes, harta hombrera, aros dorados, los tíos con corbata, todos bailando Mami qué será lo que quiere el negro y luego coreaban: ¡Qué se vaya Pinochet! Mi tío Jorge, como siempre, fue el primero en curarse y tuvieron que echarlo. Un primo de mi mamá llevó polola nueva, era bonita, andaba con una mini muy corta de colores dorados, las mujeres la miraban feo y a los hombres se les salían los ojos ¡además bailaba tan bien las cumbias! Apenas la vi supe que cuando grande quería ser como ella. Mi papá al rato tenía la cara sonriente y andaba con un combinado en la mano que no soltaba por nada y mi mamá se veía tan linda con maquillaje, nunca la había visto así ¡radiante! y bailaba rock and roll como ninguna. Todos contentos hasta que se cortó la luz, hubo un silencio, se sintió miedo, yo no entendía mucho, “los milicos” dijeron todos. Mi abuela rápidamente trajo muchas velas, cuando las prendieron vi caras asustadas. Me asusté. Había grupos hablando cosas importantes, hablaban de mañana y de cómo se irían ahora para sus casas. Mi mamá me llevó a la cama y se quedó conmigo hasta que me quedé dormida.

Al otro día todos nos levantamos temprano. En el desayuno los adultos hablaban de ir a votar y se organizaban para ver quién acompañaba a quién. Mi mamá y mi abuela iban a la misma sede y yo las acompañaría, sus caras eran de preocupación, yo no entendía nada, pero me encantaba salir con ellas. El ambiente de fiesta se había acabado, todos estaban serios, ese día también se cortó la luz, me llevaron a acostar temprano, recién el lunes supe que habíamos ganado, no sabía que habíamos ganado, pero ganamos.

Negrita Linda
Por Sofía Bravo

Mi madre nació negrita negrita.
Tercera hija fue y única negrita que nació.
Que una negra señora del Caribe hubo en la familia
Su padre una vez le contó
Y que tal vez de ahí lo sacó.
Pero después su padre se fue sin nunca más volver
y nunca más pudo saber
por qué tan negrita fue que salió.

¡Tan cara de india les parecía!
Pero bien que su abuela igual decía
al pasar el indio camino a hacer pan
¡Qué hediondo que huelen estos mapuches!

Y de tan india que fue,
una pura indiá le entró
y por todo el patio del colegio
de las trenzas a una niña una vez arrastró.
Esto, por negra decirle pa’ hacerla llorar.
Y de hombrecito todas las veces tuvo que bailar.

Negrita era la muñeca que pa’ navidad le dieron,
que a alguien al fin se pareciera, dijeron
aunque ningún otro muy blanco era
Por más que así lo creyeran.

Ahora algunas le dicen
¡ay! qué soñao sería
tener su bronceado en la arena
Y negrita linda llegó a entender que era
después de tanto
negra
no querer ser.


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