Economía Política

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En el patio de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile hay un memorial a sus desaparecidos y ejectuados durante la dictadura militar.

Es un monolito que lleva una placa con sus nombres. Hay profesores y estudiantes… algunos que fueron ambas cosas.

Su forma (abstracta) me hace pensar en una mano que emerge de la tierra intentando aferrarse desesperadamente a la vida desde el más allá. Esta ilusión la refuerza el leve promontorio de tierra y pasto del que surge el monumento. Da la idea de algo que empuja desde abajo de la tierra. Algo que se niega a ser enterrado, que quiere vivir hoy, con nosotros, pero no puede, porque apenas logra romper la corteza terrestre y salir al aire libre, se petrifica y muere de nuevo.

Hay dos paradojas envueltas en esto:

Los muertos son, por cierto, del bando derrotado. El monolito es, por ende, en cierto modo, además es una suerte de lápida de la FEP que uno no puede evitar sentir está enterrada por allá abajo.

Primero, muere porque lo de ayer no puede vivir hoy. Si viviera hoy, sería como somos los vivos, no como quiere ser, que es como era.

Segundo, muere porque se petrifica, pero vive porque se convierte en monumento; esto es, vive para siempre, muriendo.

Alrededor del monolito la FEN ha ido evolucionando con los tiempos. Hay cada vez más edificios modernos, aularios de última generación, diferentes espacios, “lounges”, plazas, patios con diseños paisajistas. En el campus abundan rincones con lógica de café al aire libre. Todo es neoyorquino, todo es gentrificado, todo es millennial. Recientemente instalaron, cerca del memorial, un nuevo espacio, muy agradable en que se vende café de grano, variedades de te y galletas sin gluten. Está la puerta hacia un banco que presta servicio a la facultad, hay un cajero que se usa tanto que pasa en reparación. En diagonal desde el monolito hay un colorido mural pintado cuando las protestas del 2011 que dice “la economía al servicio del ser humano, no el ser humano al servicio de la economía.” Cerca está la entrada a la biblioteca que lleva el nombre del fundador de una de las dinastías empresariales más poderosas del país.

Pero ahí está el monolito, sigue ahí, empujando la tierra hacia arriba, tratando de agarrarse del sol. La mano se petrifica, cierto, pero sigue estando ahí

La FEN… hoy se llama FEN, pero antes tenía otro nombre. Era FACEA (Facultad de Ciencias Economícas y Administrativas) que era el nombre de la facultad que había triunfado por sobre su rival: la Facultad de Economía Política (FEP) cuando en 1972, en medio del clima de polarización nacional la antigua Facultad de Economía y Comercio se dividió en dos: la FACEA (de derecha) y la FEP (de izquierda). Algo lamentable, a mi juicio, en una universidad: que los diferentes puntos de vista sean tan beligerantes que tengan que ser separados. Pero así es nuestra historia.

Los muertos son, por cierto, del bando derrotado. El monolito es, por ende, en cierto modo, además es una suerte de lápida de la FEP que uno no puede evitar sentir está enterrada por allá abajo.

Terminó la clase: logré sorprender a los estudiantes. Al principio de la clase parecía estarles enseñando finanzas, algo profundamente FACEA, muy Sanhattan, muy Cota Mil... hacia el final les demuestro que sirve para entender un mecanismo profundo de desigualdad, un problema de distribución de poder, una injusticia dura, díficil de resolver, como las que estudiaban en la FEP.

Cada martes y viernes, tempranito, luego de estacionar el auto, paso frente al monolito en dirección al casino, que tiene buen café. La gente que atiende me conoce de años así que marca apenas me ve: americano doble de grano. Me lo preparan, lo endulzo, me lo llevo hacia el aulario grande que llamamos TecnoAulas y dicto… Economía Política; un curso que establecimos cuando las protestas del 2011 demandaron reforma curricular y nos tocó intentar implementarla como director de la escuela de pregrado. 

Trato de explicarle a los alumnos que Economía Política hoy se nutre de toda la historia de la disciplina. Trato de relacionar las herramientas modernas: economía de la incertidumbre, teoría de agencia, teoría de juegos, ciencia del comportamiento con las preguntas, teorías e inquietudes clásicas: Veblen y Schumpeter, Mill y Keynes, Nozick y Rawls, Hayek y Polanyi, Ricardo y Marx.

A algunos les incomoda. Quieren que economía política sea lo que era. Pero ocurre lo obvio: lo de ayer no puede vivir hoy. Para vivir hoy, tiene que ser como somos los vivos y, a la vez, ser como era. Ahí está el truco. Si no, lo de ayer se petrifica.

Los mismos problemas surgen del fondo de la tierra: desigualdad y explotación, pobreza y marginalidad, depredación e injusticia…. alienación. Ahí están, saliendo del fondo de la tierra, rompiendo la corteza de la realidad. Hay que mantenerlos vivos como realidades políticas y no permitir que se petrifiquen.

Terminó la clase: logré sorprender a los estudiantes. Al principio de la clase parecía estarles enseñando finanzas, algo profundamente FACEA, muy Sanhattan, muy Cota Mil... hacia el final les demuestro que sirve para entender un mecanismo profundo de desigualdad, un problema de distribución de poder, una injusticia dura, díficil de resolver, como las que estudiaban en la FEP.

Paso de vuelta hacia la Torre donde está mi oficina. Frente al monolito hay un centro de reciclaje. La tapa del café es de plástico, va a un lado; el vaso en otro; el cartón para no quemarse los dedos, en otro. Miro un nombre en la lista del monolito desde lejos. Veo el mismo nombre todos los días…

… mantenerlos vivos…

… hay que apurarse, me están esperando para la reunión.

— 

Oscar M. Landerretche M. es  Profesor titular docente del Departamento de Economía  en Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile

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