La impunidad como agente cronificador del dolor persistente en víctimas de tortura

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Fragmento de una tesis

Durante muchos años, el dolor crónico musculoesquelético o persistente ha sido tema de discusión entre las diferentes disciplinas que componen el área de la salud, sobre todo en la Kinesiología, ya que actualmente es un grave problema de salud pública en todo el mundo y que genera altos índices de discapacidad.

Estudiar, comprender y explicar el dolor persistente musculoesquelético en personas que sufrieron torturas en la dictadura cívico-militar no es tarea fácil. Sin embargo, las investigaciones publicadas en las diversas revistas científicas a nivel mundial nos facilitan la comprensión de este “fenómeno”.

La falta de justicia y la poca empatía de algunos sectores de la sociedad chilena (…) pueden incidir en este fenómeno. Sobre todo, el constante sabor amargo de la impunidad establecida en la sociedad chilena juega un rol importante como agente cronificador del dolor persistente musculoesquelético en víctimas de tortura.

Podríamos decir que ocurre un proceso complejo a nivel del sistema nervioso central (SNC) de nuestro cuerpo, donde el cerebro cumple un rol importante en la percepción de una situación de amenaza o peligro proveniente del medio externo (ambiente) o interno (cuerpo).

La respuesta dolorosa como mecanismo de protección, se traduce en una sensación consciente y subjetiva a nivel corporal. Esta sensación puede durar días, semanas, meses, años. La intensidad es variable y corresponde a múltiples factores que inciden en la respuesta dolorosa como la experiencia, la educación, el miedo, las creencias de la víctima, entre otras.

Ahora bien, la sensación de dolor puede estar aumentada expotencialmente como, por ejemplo, el simple roce de la ropa en las zonas del cuerpo, un leve contacto con la zona dolorosa o incluso, sin necesidad de un estímulo físico.

Me atrevo a decir que esta respuesta dolorosa corporal en víctimas de violaciones a los derechos humanos puede estar vinculada al recuerdo de una experiencia traumática y/o por situaciones particulares: El aroma, el sonido o algún estimulo que reviva el recuerdo de algún sitio de reclusión, torturas física, psicológica o sexual, por ejemplo. La fecha conmemorativa de la pérdida de un familiar detenido desaparecido y/o ejecutado político, el enojo asociado a injusticias percibidas en los medios de comunicación como el indulto a los reos de Punta Peuco, o los dichos de personajes públicos en relación a los derechos humanos. La falta de justicia y la poca empatía de algunos sectores de la sociedad chilena en relación a los crímenes de lesa humanidad practicados en dictadura pueden incidir en este fenómeno. Sobre todo, el constante sabor amargo de la impunidad establecida en la sociedad chilena juega un rol importante como agente cronificador del dolor persistente musculoesquelético en víctimas de tortura.

Es habitual encontrarse con sobrevivientes a violaciones a derechos humanos con síntomas tan variados como cefaleas, lumbalgias, trastornos del tracto gastrointestinal o síndrome del Colon Irritable, Trastorno de estrés post traumático, diagnósticos de fibromialgia, alteración del sueño, trastorno temporomandibular por bruxismo y depresión. Además, la evidencia científica internacional menciona que el dolor persistente musculoesquelético en víctimas de tortura se encuentra en un 75% y en un 80% en personas con trastorno de estrés post traumático, es decir, personas que presentan dolor crónico “inexplicable”.

La cantidad de relatos personales e incluso mencionados en la prensa confirman lo expuesto anteriormente. El desgarrador relato de Nieves Ayrees, torturada por la DINA, es evidencia clara de las secuelas que dejó la tortura en muchos chilenos. Ella dice: “He tenido muchas secuelas físicas y sicológicas, debido a la tortura que sufrí en Chile. Tengo dolor permanente en el cuello, las manos, las rodillas y los pies. Tengo marcas y cicatrices en todo mi cuerpo. Cuando veo una rata, tengo un reflejo de dolor en mi vagina. También tengo un estado de ansiedad constante, y he tenido pesadillas y depresión. He superado algunas de las secuelas sicológicas, por ejemplo, el miedo al encierro que me surgió a causa de las violaciones que sufrí en el baño del centro de torturas de la calle Londres. Pero sigo siendo muy sensible emocionalmente. Mi familia fue destruida, dividida y toda mi vida cambió después del golpe militar”.

La evidencia científica internacional menciona que el dolor persistente musculoesquelético en víctimas de tortura se encuentra en un 75% y en un 80% en personas con trastorno de estrés post traumático, es decir, personas que presentan dolor crónico “inexplicable”.

Comprender este “fenómeno doloroso”, especialmente en los usuarios PRAIS, ha sido una tarea muy compleja y al mismo tiempo enriquecedora en la disciplina profesional. Es necesario mencionar que se ha tratado de visibilizar esta problemática desde varios escenarios (Congreso Nacional de kinesiología 2018 en la ciudad de Valdivia, jornadas académicas en la región del Bíobío, conversatorios de Derechos Humanos, etc.).

Durante el 2016, en el período del desarrollo de tesis para optar al grado de licenciado en kinesiología (UST Concepción) y luego de leer algunos libros relacionados al periodismo de investigación como “la trilogía de los cuervos” de Javier Rebolledo o “De la tortura no se habla” de Patricia Verdugo, “El Fanta” de Nancy Guzman, entre otros, me nació personalmente una gran sensibilidad en relación con la violación a los derechos humanos. Nacieron preguntas que, hasta el día de hoy,a 45 años del golpe de Estado, no tienen una respuesta clara: ¿Por qué existe poca evidencia científica en relación a las secuelas físicas que dejó la tortura en muchos chilenos en tiempos de dictadura?, ¿Qué enfermedades nacieron después de los eventos traumáticos y violentos a nivel físico y psicológico en los sobrevivientes de la dictadura?, ¿Quién se hace cargo de ellas?, ¿Quién investiga las enfermedades?, ¿Cuántas personas las padecen?, ¿Solamente las víctimas de tortura sufren de estas enfermades? ¿y sus familiares?, etc.

La necesidad a dar respuestas a las interrogantes provocó la necesidad de acudir y establecer cercanía con los diferentes equipos de salud a nivel nacional pertenecientes al Programa de Reparación y Atención Integral en Salud (PRAIS). De esta manera, durante el 2016, los usuarios del programa, de forma voluntaria e interesados en saber y comprender más detalles entorno al “dolor persistente y la Sensibilización Central”, conceptos relacionados entre sí, empatizaron con la causa de mi tesis, que finalizó con mucho éxito el mismo año. Esta investigación fue el preludio de diversas acciones relacionas al deseo de utilizar la investigación científica como instrumento de reflexión y cambio social y así, generar consciencia entre los diversos profesionales del área de la salud entorno a las secuelas que dejó la tortura y la violación a los derechos humanos en sus víctimas.

Existe una herida infectada en Chile, cronificada con el tiempo, que vuelve a sangrar y parece que se agudiza cuando nos enfrentamos a situaciones tan complejas como los dichos irresponsables del exministro de Cultura Mauricio Rojas, refiriéndose al Museo de la Memoria, o las del diputado Osvaldo Urrutia (UDI), y sus famosas palabras: “Terroristas con aguinaldo” para referirse a las víctimas. Lamentablemente, Chile no ha resuelto este tema. Es la realidad y es necesario seguir trabajando desde todos los escenarios posibles, educando a la sociedad en torno a lo oscuro que fue aquella época y así, unidos en un solo objetivo, comenzar a desinfectar esta gran herida.

El dolor crónico es una enfermedad prevalente en la población mundial, deteriora la calidad de vida, invalida a la persona y provoca transformaciones graves en las relaciones interpersonales. Sin embargo, los estudios de la experiencia de la tortura física y mental ha sido un tema bastante complejo de abordar por los profesionales del área de la salud que están relacionados al compromiso del Estado en la reparación del daño causado en la dictadura.

Eduardo Felipe Alfaro Valdés es Licenciado en Kinesiología

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